Agro cubano.

LA FÁBULA DEL TRACTOR OGGÚN, CON NOMBRE DE ORISHA GUERRERO.

Érase que se era un hombre septuagenario que pasaba por allí, reunía todas las características necesarias para convertirse en avanzadilla de un cuerpo expedicionario a ninguna parte, pero soportaba las condiciones idóneas para encarnarse en imagen del protocolo artificial de la nueva amistad y cooperación entre el belicoso pueblo caribeño descendiente de taínos, y el imperialismo devenido en amical compañero de viaje.

El bueno de Saúl, que así se llama, tiene 72 años, nació en Cuba y emigró cuando despertaba a la adolescencia siendo aún menor de edad, lo que le salva de dar explicaciones de por qué abandonó su isla justo en los albores de la gloriosa revolución. El caso es que hizo fortuna en el oprobioso entorno del feroz capitalismo, en vez de haberse convertido en un militante convencido de las bondades del sistema marxista leninista.

Y su riqueza le hace ser menos tiquismiquis con la viabilidad del proyecto que para él tenían reservado su gobierno receptor, encabezado hoy por el anhelante Obama, y sus gobernantes emisores, con el pragmático Raúl a la cabeza. Así, este hombre escuchó su destino, su privilegiada encomienda, convertirse en el primer empresario norteamericano en instalar en la isla antillana una fábrica en lo que va del ya sobrepasado medio siglo.

Si hiciera cuentas pensando en su billetera jamás lo haría, pero debía pensar con el corazón. Le contaron entonces algo que le convenció: el setenta por ciento del sector agrícola en Cuba está en manos privadas. Él lo entendió a la manera norteamericana y nadie le previno de la posible confusión. No creyeron conveniente ponerle al corriente de que ese porcentaje está compuesto por cooperativistas y cuentapropistas.

Cooperativistas sin acceso a financiación y con obligación de procesar su distribución por canales estatales, y cuentapropistas terratenientes al modo más feroz que el capitalismo pudiera detentar… Aunque tratándose de socialistas revolucionarios de alto rango avenidos con el poder. Un ejemplo sería el hermano Castro agricultor, Ramón, recientemente desaparecido tras ‘cogerle el alemán’. Me explico más: Desarrapados incapaces de comprar lo que Saúl fuera a vender, y oligopolistas vinculados a la jerarquía dominante que sí serían los únicos con capacidad adquisitiva suficiente.

¿Y qué era ésto? Tractores, los Oggún, a 8.000 dólares el ejemplar en el mejor de los casos. Los cooperativistas pudieran pedir ayuda económica a sus familiares de afuera, pero no la recibirán jamás de nadie que en su sano juicio prevea contra quién deben competir y en qué condiciones. Por contra, los cuentapropistas agricultores de esta historia, miembros del Partido, por ley no pueden recibir remesas y, sin embargo, sí los comprarán. ¿Cómo? Los financia el Estado porque, al final, son ellos mismos.

Conclusión: El campo cubano, gracias al tractor, volverá a manos del Estado. A Saúl (no confundir con Raúl), esto no se lo han contado, y al mecenas Obama menos. Y es que en Cuba las cosas no están pensadas para que los empresarios extranjeros ganen dinero así como así, sin pagar su parte al Estado de una forma u otra.

Un español, Esteban, estaba prosperando en La Habana. Posee dos lugares de moda, el Up&Down en Vedado, y el Shangri-Lá en Playa. Los cachorros del poder también prosperan, por ejemplo el hijo del Furry, Colomé, con su Starbien; u otro hijo de un coronel del MININT ya fallecido con su Fontana… Y allí gustan ir las nuevas generaciones revolucionarias…

Raúl Guillermo es el nieto del Jefe, y apareció por el Shangri-Lá. Se encaprichó de una jevita que prefirió la compañía del dueño, del español Esteban. Acudió una ‘niña de ojos azules’, como llaman a los carros patrulleros de la policía revolucionaria por los indicadores lumínicos que llevan, y el españolito acabó con una orden de “expulsión con negación indefinida de entrada” a Cuba.

Saúl, Saúl, no sabes dónde te metes…

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