Buscando unión

Voy a reproducir dos artículos que publiqué esta misma semana en mi blog en facebook Ignacio Gimenez Cuba pero os rogaría que llegárais a él y pulsárais “me gusta esta página” para poder leer también todo lo que allí escribo.

Ayer escribí: Voltaire fué un escritor, filósofo y abogado francés, nacido en 1694, y uno de los principales representantes de la Ilustración, un movimiento que otorgaba suma importancia al poder de la razón humana. En cierta ocasión dijo: “No me gusta lo que usted dice, pero daría la vida para que pueda decirlo libremente…”. Quienes lo escuchaban, salieron corriendo a contarlo sin esperar a que terminara… Él continuó: “…Porque creo en la libertad de pensamiento… pero muera quien no piense como yo”. ¿Por qué cuento ésto? Porque observo a defensores del cambio hacia la libertad en Cuba (que defiendo ardientemente), que me asustan al hacerme pensar en que el cambio que buscan es la sustitución de la intransigencia comunista por su propia intransigencia. La unión de todos requiere cierta flexibilidad (entre corrientes opositoras, aclaro)… A buen entendedor, pocas palabras bastan…

El miércoles había escrito: La oposición cubana, dentro y fuera de la isla, está cometiendo un error que inhibe a la comunidad internacional a la hora de apoyar decididamente un cambio en Cuba. Esta equivocación no es otra que circunscribir las demandas al ámbito político y social, cuando los intereses hoy en día sólo se mueven por el rumbo económico. El actual gobierno cubano tiene suscritos convenios, pactos y acuerdos financieros, empresariales y económicos que debe garantizarse formalmente que serán respetados escrupulosamente por cualquier gobierno de cambio, eso sí, removiendo a los actuales dirigentes de sus puestos para sustituirlos por profesionales y técnicos capaces, defensores de la libre competencia y de la economía de mercado, representando los intereses de una nueva Cuba democrática y libre, decidida a impulsar el desarrollo económico. Sólo entonces, la comunidad internacional podrá decidir entre la palabrería actual y las garantías formales de un nuevo orden de cosas que mantendría los compromisos, generaría mayores ingresos, aumentaría las expectativas de beneficio… e impondría el régimen de paz y libertad necesario para atender la reclamación, obvia y justa, de contenido político y social. Ese es el orden obligatorio por eficaz.

 

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