Caída del castrismo

Llevo unos días anunciando en mi muro personal en Facebook que explicaría los motivos por los que el castrismo caerá en el próximo medio año. Algunos me hablan de teorías o predicciones, otros me aconsejan prudencia y sigilo. A los primeros he de decirles que no se trata de una teoría o una predicción sino de un plan; a los segundos debo responderles que es hora de explicar este plan que requiere a partir de ahora la implicación de cubanas y cubanos que tengan como prioridad el logro inmediato de la libertad por arriba de intereses personales o partidistas. Comienzo.

En diciembre de 2014, cuando casi ninguno de vosotros sabíais de mi existencia, me planteé un objetivo vital: celebrar mi cumpleaños 60 en una isla que ahora mismo me tiene prohibida la entrada. Los motivos de esta prohibición no vienen al caso, lo esencial es que el día de mi cumpleaños es el venidero 11 de octubre, en ya menos de 6 meses. Y comencé a diseñar un plan que compartí con quienes entonces podían ayudarme…

Partimos de una base, dividir los habitantes de la isla en tres grupos: pueblo, aparato castrista y élite reducida donde convergen todas las divisas y con poder absoluto sobre vidas y futuro de todos los demás. Al pueblo lo consideramos víctima. A la élite la consideramos intocable en términos de eficacia para el logro de nuestro plan. Nos quedaba el aparato castrista, ahí era donde nos íbamos a centrar operativamente.

Por otra parte, debíamos conocer con precisión de dónde llegaban todas y cada una de sus fuentes de financiamiento, es decir, la relación existente entre inversionistas, bancos y gobiernos con la élite y con el aparato. Como la élite acabo de escribir que la consideramos intocable (ahora en términos de eficacia), nos quedaba saber la relación entre las fuentes y el aparato.

Una cosa sí sabíamos, para llegar a la élite hay que pasar por el aparato. Esto nos llevó a diferenciar entre dos conceptos esenciales: los acuerdos gobierno-gobierno; y cómo hacen los inversionistas que logran llegar a acuerdos para operar en la isla. En el camino, nos encontramos con infinidad de inversionistas por todo el mundo con el sentimiento de haber sido utilizados o engañados por el régimen. Y comenzamos así a acumular documentos, testimonios y pruebas de cómo miembros del aparato recibían favores a cambio de viabilizar proyectos en dirección a la élite.

Esto anterior, ¿qué quiere decir?: que infinidad de miembros del aparato se lucraban a espaldas de la élite. Repito que la élite tiene sus propios mecanismos. Entonces, el rastro había que irlo ampliando al mayor número de miembros del aparato. Nuestras fuentes de información iban creciendo, y en la misma medida lo iban haciendo las delaciones de los miembros que sabían de favores a otros y que aportaban testimonios a cambio de salvaguardar su anonimato para evitar ser delatados a su vez ante la élite.

La hipocresía en la isla corre pareja a la corrupción, de modo que la misma élite que se lucra por sí misma, es radical a la hora de castigar a quienes lo hacen a sus espaldas… Y el miedo de los miembros del aparato vendidos a las divisas a ser descubiertos ante sus superiores máximos ha venido logrando que hayamos acumulado un impresionante número de pruebas irrebatibles. Testaferros, cuentas bancarias, poderes, recibos, audios… Todo ello altamente comprometedor para ellos, y para los inversionistas también, pues lo habían hecho contraviniendo leyes que los obligaban en sus propios países. A esto había que agregar la relación entre estos inversionistas, sus propias fuentes de financiamiento y las instituciones gubernamentales de origen que los apoyaban mirando para otro lado cuando se saltaban alguna ley por lo que eufemísticamente llaman intereses políticos.

Bien, el problema para todos ellos no era que lo supiéramos, su problema comenzaba al saber que nosotros lo sabíamos, que era irrebatible, que estábamos dispuestos a utilizarlo, y que sólo podían evitarlo si se disponían a hacer algo que les pidiéramos y que jamás harían de tener otro remedio. Ahora explicaré eso que les pedimos.

Antes debo explicar que acabamos de poner arriba de sus mesas los dossiers incriminatorios, y lo hemos hecho asumiendo un enorme riesgo ante su reacción… pero afortunadamente han visto que no tienen otra salida para su futuro personal y político que elegir entre ser delatados ante la élite o avenirse a ser receptivos a nuestra propuesta. Y han optado por lo más sensato, lo último. Y, por cierto, inversionistas, entidades de financiamiento y organismos gubernamentales están festejando que esta haya sido su decisión para evitar escándalos en cadena de dimensiones épicas que pueden poner en peligro carreras profesionales y políticas de muchos y en muchos lugares…

¿Y qué les pedimos a cambio de silenciar sus nombres? Algo muy sencillo: una nueva Ley Electoral, pero no redactada por ellos, redactada por nosotros y aprobada por ellos sin negociaciones ni modificaciones. ¿Cómo funciona eso? Para junio va a ser convocado un nuevo periodo ordinario de sesiones en esta legislatura de la asamblea nacional de lo que llaman poder popular. Previo a ello trabajan tres comisiones permanentes, una de ellas es la que nos interesa: la de asuntos constitucionales y jurídicos. Pero la ley en Cuba hoy en día obliga a que transcurran veinte días desde la convocatoria a la celebración de la asamblea, y el presidente no convoca hasta no tener el dictamen de las comisiones sobre los asuntos a tratar. Los plazos impiden que este asunto quede incluido para el periodo ordinario, y como aún no nos hemos visto obligados a delatar a nadie, en la asamblea aprobarán lo que les venga en gana…

…Sin embargo, el efecto de lo que ya tienen arriba de sus mesas un número suficiente de miembros del aparato, incluidos diputados, y que conocen inversionistas y organizaciones financieras y gubernamentales exteriores que ayudan en la presión para salvaguardar sus intereses, llevará a la convocatoria de una reunión extraordinaria posterior pero próxima. Esta reunión sólo puede ser convocada si parte de la petición de un determinado número mínimo de diputados, pero es de obligado cumplimiento, según las propias leyes cubanas, de darse el caso. Y se convocará porque tenemos los suficientes y porque la presión exterior e interesada va a ser inmensa. Y la élite va a admitir la convocatoria segura de tumbar la propuesta de la nueva Ley Electoral o de modificarla a su antojo. La sorpresa, irrefrenable ya, por eso lo digo, va a venir en la votación cuando los diputados alcen su mano para salvarse de ser sancionados de uno en uno y así tratar de impedir su desastre personal para convertir todo ello en un escándalo general que dinamite la estructura de poder. Y la élite no tendrá otra que tragar porque no van a lanzar al ejército a fusilar a las dos terceras partes de la asamblea… Y si lo hacen darán motivos más que justificados a la intervención, apoyada por los organismos internacionales que ya están trabajando diplomáticamente por los motivos ya explicados.

Es decir, entre junio y octubre habrá una nueva Ley Electoral diseñada por nosotros y aprobada por ellos en sesión extraordinaria de la asamblea. ¿Y por qué cuento todo esto, si lo lógico sería mantener el silencio hasta que ocurra? Por una razón de mayor peso: la necesidad de redactar con urgencia esa nueva Ley Electoral.

¿Por qué es este el punto esencial? Porque una nueva Ley Electoral permitirá la convocatoria de unas elecciones conforme a las reglas de la nueva Ley. De las elecciones se derivará la conformación de una Asamblea proporcional en escaños al número de votos obtenidos por cada partido contendiente en las urnas, partidos que podrán crearse y hacer libre campaña en base a la nueva Ley que también permitirá postularse como candidato y ser elegido a cualquier cubana o cubano mayor de edad una vez recuperados todos los derechos inherentes a su condición por el mero hecho de haber nacido cubano.

Esta nueva Asamblea se convertirá en Contituyente para elaborar una verdadera Constitución que sustituya a lo que ahora está en vigor. Se someterá a referendo para su aprobación por el pueblo, y de ella emanarán el resto de nuevas leyes que conformarán un Estado de Derecho real y cierto con plena separación de poderes e independencia del Judicial que aplicará las normas penales según lo contemplado para sancionar lo considerado punible en todas estas décadas.

¿Y quiénes deben elaborar con carácter de urgencia esta nueva Ley Electoral? Un Comité de Expertos. ¿Políticos? No, expertos. ¿Por qué no políticos? Porque los políticos deben prepararse para contender en las primeras elecciones libres convocadas a partir de la entrada en vigor de la nueva Ley Electoral. Los políticos deben defender los intereses partidistas que defienden y exponerlos al pueblo en la campaña de modo que intenten seducir a los ciudadanos de que cada uno de ellos es el más indicado para merecer ser quien rija los primeros tiempos de democracia en la isla… Pero la nueva Ley Electoral debe ser desarrollada por cubanas y cubanos expertos que sólo piensen en Cuba en toda su amplitud.

A mi juicio, debería crearse un equipo de 12 personas de probada cubanía, honestidad y amor por la libertad y la democracia, y rodearse de especialistas de reconocida trayectoria jurídica. Este equipo no tiene por qué tener proporcionalidad sobre nada, la proporcionalidad será la consecuencia posterior del resultado electoral que llevará a la composición de la primera Asamblea democrática que será la Constituyente. Es muy sencillo, doce nombres ya, doce personas a trabajar pensando en Cuba. Un solo objetivo: la redacción de una nueva Ley Electoral.

Ahora mismo podría escribir acá los doce nombres que yo mismo considero (No líderes, esos van a continuación para la contienda electoral. No proporcionales, eso va después en la composición de la Asamblea Constituyente), pero reconozco que sería de una soberbia inconmensurable. Háganlo ustedes, pero si no lo hacen recuerden que el plan es cumplir los 60 en una Cuba libre, y eso será el 11 de octubre, de modo que entonces no me dejarán otro camino que ser yo quien cree el equipo… Y entonces no podrán llamarme soberbio ni vanidoso…

 

 

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