Chao castrismo

El castrismo, a día de hoy, no es más que un gigantesco entramado de intereses económicos del que se benefician cuatro gatos. No es una cuestión de ideales, ni de valores, ni de principios. No se trata de una cuestión política. La enorme fortuna amasada se ha logrado en base a un absoluto desprecio por los derechos del pueblo, a una interpretación torticera y manipulada de una legalidad fabricada a la medida de sus engaños, y a un adoctrinamiento enfocado a la creación de un generoso número de tontos útiles.

Esta fortuna ha venido acompañada de miseria para la gran mayoría, de un éxodo desproporcionado, de opresión, injusticias y violencia, incluidos delitos demostrables de sangre, y de un aparato represor que no es más que la prueba fehaciente de que han sido necesarios mecanismos tortuosos para acallar cualquier atisbo de protesta de parte de los retales de dignidad que permanecían o permanecen asidos a las conciencias de cada cubano y cubana renuente a conformar una masa permisiva y silente.

Pero al igual que en la investigación de cualquier delito, vamos a preguntarnos a quién beneficia todo esto. Ya lo dije, a cuatro gatos. Todos los demás son víctimas. Aunque entre estas víctimas hay quienes han formado parte, los tontos útiles antes aludidos, del aparato represor. Y se han manchado de sangre. Estos entonces han pasado a formar parte del grupo de culpables en vez del de víctimas. Ñames con corbata, porque han sido cooperadores necesarios de un régimen del que participaron en su bestialidad sin beneficiarse de su riqueza.

Bien, separemos entonces a los culpables de las víctimas. Por un lado, la élite reducida que se beneficia y los ñames con las manos manchadas de sangre. Por el otro lado, todos cuantos hemos sufrido las consecuencias: miseria, éxodo, temor y violencia. Y entre estos últimos cabe destacar a todos aquellos que aparentemente, y solo aparentemente, conforman eso que venimos en llamar castrismo. No nos engañemos, no son castristas en base a ideales, ya no existen, solo lo son en base a la ignorancia, a la rutina, al egoísmo o a la cobardía.

Quedan por contabilizar todos cuantos permanecen en la nomenclatura obedeciendo lo que desde arriba les ordenan. No lo hacen por lealtad, lo hacen porque asocian su futuro a la pervivencia del régimen. Pero solo mientras asocien este futuro al régimen, si ven que el devenir se presenta más luminoso tumbando al régimen, su falta de escrúpulos, de valores y de lealtad les hará enfrentarlo con tanto ardor como con el que ahora lo defienden.

Aquí está la clave, en enfrentar a la mayoría de castristas corruptos, desleales y egoístas, contra la minoría de castristas enriquecidos a base de delincuencia organizada. Y en esa mayoría dentro del castrismo, se incluirán ellos solos los que han permanecido rutinariamente a favor del único sistema que han conocido.

Para que no queden dudas, escribo de desligar a los irreductibles de los niveles máximos del poder, y sus violentos embarrados en sangre, de todos los demás. Y todos estos últimos, juntos y organizados, somos infinitamente más. Los irreductibles intentarán defender su timbiriche y ordenarán exacerbar la violencia, pero los ejecutores encontrarán un temible frente compacto. Y cuando miren a su lado, verán que las lealtades desaparecieron… Y se rendirán.

Entonces preguntarán por las consecuencias de sus actos, y recibirán una respuesta clara y contundente: justicia sin misericordia, ni olvido ni perdón para las manos manchadas de sangre. Los de arriba querrán negociar, pero ya sin armas no encontrarán con qué. Y se hará justicia. Y comenzaremos a dar los pasos precisos para cambiar toda esta barbarie por un futuro en paz y libertad.

Algunos buscan otras vías: plebiscitos, candidaturas a elecciones manejadas por el régimen… Los respeto, pero prefiero que las reglas las creemos los hombres y mujeres libres…

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