Conversadera

Clarea La Habana despiertan sus barrios. La ciudad cuela el primer café de la mañana, lo saborea reposadamente, disfrutándolo. Sacude su cabellera, lava su rostro en el mar, se adorna, viste su bata tricolor… Empieza la lucha del día a día.

– Damarys, ¿ya colaste? Ay dame un buchito mi santa que a mí se me acabó ayer el último sobrecito.

– Entra Yenileycita, que la puerta está abierta. Este es de la shopping del bueno.

– ¿En qué tu andas mi niña? ¡Tienes una carita de que yo no fui que pa’ qué! Que te compre el que no te conozca.

– Es que Huguito, el mangón que se mudó pa’ la esquina, está puesto pa’ mi cartón y me tiene la cabeza mala.

– Niña, ¿qué tu esperas? Pártele el brazo que ese hombre está hecho a mano.

– Es que me dijeron que el niño es tremenda mala hoja y tú sabes que yo no entiendo. ¡Conmigo hay que darle candela al jarro hasta que se suelte el fondo!

– ¡Di tú y no es de pollo! Con esa cara y ese caminao quién lo iba a decir.

– Así mismo, un escaparate muy grande, pero con una llavecita chiquitica. Dicen que vive cerquitica, cerquitica y tú sabes que yo soy tremenda gandia. ¡Primero muerta que desprestigiá!

– No cojas lucha Yenileycita, haz como yo, pelo suelto y carretera. No hay hombre que me saque del paso. ¿Te acuerdas de Lázaro que quería llevarme pa’ Varadero en un todo incluido?

– Sí Damarys, claro que me acuerdo, ¿por fin cómo lo pasaste?

– ¡Tremendo inflador el tipo! Tú sabes que yo no soy una mujer interesada, pero que no especulen. Entre cielo y tierra no hay nada oculto. Vaya no tener un chavito en el bolsillo y querer hacerse el del billete. ¡No se le ocurre ni al que asó la manteca! Venir a bailar en casa del trompo.

– Ese se tiró con la guagua andando, explotó como Kafunga.

– Así mismito mi amiga. Oye y cambiando de palo pa’ rumba…

…Así se pasan todo el día en la conversadera…

– Ay chica, me voy echando, un beso mi amiga.

– Un beso y no te pierdas que a tí a veces no se te encuentra ni en los centros espirituales.

La Habana prende sus luces, sonríe, se mece frente al mar y piensa: ¡Un día más, caballero!

 

 

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