Cuba, y los cubanos…

Ayer domingo, el Papa Francisco, tras el rezo del Ángelus se asomó a la ventana del Palacio Apostólico, para dirigirse a los fieles católicos congregados en la Plaza de San Pedro de Ciudad del Vaticano. Y se refirió al gravísimo asunto de los miles de cubanos retenidos ya no sólo en Costa Rica, sino en otros lugares más, en donde van acumulándose, tras el cierre de la frontera tico-nica por decisión nicaragüense.

Calificó el problema de “drama humanitario”. Me hago dos preguntas, tras haberlo denominado de igual forma, pero hace más de un mes, yo mismo en los artículos que he dedicado al tema en esta misma web: ¿Quién informa al Santo Padre con tanta dilación?, y ¿Por qué, si era conocedor, ha tardado tanto en aludir tan descabellado despropósito?

Con todo mi respeto para la figura del Sumo Pontífice, he llegado a la conclusión de que su representación diplomática en La Habana bebe de las mismas fuentes que los medios de comunicación internacionales, todos empecinados en confundir Cuba con los cubanos. Como lo hace, pero esto es más comprensible, la inmensa mayoría de los visitantes ocasionales a esta maravillosa isla mayor de las Antillas.

¿Por qué digo esto? No paro de escuchar opiniones que defienden la idea de que Cuba ha ido a mejor en este año que termina. Es un error, un tremendo error, pensar que los cubanos, no su gobierno, hayan mejorado en algo. Al contrario, por eso se van por miles; creando la crisis a la que Francisco se refiere con muchas semanas de retraso con respecto a esta web.

Cuba tomó dos decisiones que nada tienen que ver con el proceso de ‘acercamiento’ con EE.UU, ya que son anteriores: flexibilizar su política migratoria, y desinflar el globo de las desmesuradas plantillas estatales. Traducido: ahora pueden irse, y muchos han dejado de percibir sus ridículos salarios estatales, pudiendo dedicarse a la búsqueda de divisas full time.

El gobierno quiso regularizar esto último, alentando la figura del cuentapropista, al tiempo que regulaba normas para asfixiarlos. Resultado: pasaron del trabajo por cuenta estatal al mercado negro, con escala esperanzada y fugaz algunos de ellos en la milonga del emprendimiento. Las excepciones son las que conocen los turistas en paladares y demás.

Pero, como la flexibilización migratoria permitió a muchos irse desde 2013, la percepción de remesas se incrementó, dando la oportunidad a muchos familiares de exiliados elegir entre usar las divisas recibidas para emprender y morir económicamente, o ahorrar para marcharse.

Lo que pasó queda claro con el asunto de expresión papal tardía, miles salieron para Ecuador, aprovechando la inexistencia de obligación de visado, que vuelve a existir, como primera parada de su desorbitado periplo de más de 2.000 millas hasta la Florida, cuando por mar sólo hay noventa. De allí continuaron hasta encontrarse con el cierre fronterizo referido.

En Costa Rica hay miles varados, en Panamá miles esperando, en Ecuador miles ahorrando, en La Habana miles esperando su visa, hacia Canadá miles abriendo una nueva vía, en dirección a Europa del Este miles buscando nuevos destinos. Un “drama humanitario” como bien dice el Sucesor de San Pedro, aunque tarde.

Ninguno quiere volver a Cuba; el presidente de Costa Rica está de receso vacacional; ningún país centroamericano se hace cargo; Nicaragua no cede; Obama, presidente del país destino final de todos ellos, mira para otro lado; el Papa se entera ahora; los cubanos implicados pasan las navidades albergados; Raúl echa la culpa a los ‘coyotes’; los turistas cuentan maravillas de cómo ha mejorado todo; los medios de comunicación jalearán en titulares las próximas charadas que ayuden a vender ejemplares…

 

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