¿Deserción?

Recuerdo que antes de Navidad, en una presentación que hice en España de mi novela, puse como ejemplo de asuntos que provocan discursiones entre cubanos, cuando los hermanos Gurriel, los tres peloteros, acompañaron a su padre, Gloria del Deporte cubano de la pelota (béisbol), a recuperarse de sus dolencias a La Habana.

Y expliqué al auditorio, mayoritariamente no cubano, dos hechos que causaron sorpresa. El primero fue que en Cuba los peloteros juegan representando al equipo de la provincia donde nacen; y el segundo, que en la Isla está vigente el Decreto-Ley 217, de 22 de abril de 1997, sobre “Regulaciones Migratorias Internas para la Ciudad de La Habana”.

Entonces dije que esta norma regula que personas de otras provincias no pueden vivir en la capital sin un documento “transitorio”, concedido por las oficinas de registro de identidad del MININT. ¿Por qué hablo de todo esto?

Porque dos de los hermanos, el mayor y el menor, han abandonado la concentración de la selección cubana tras quedar eliminada en República Dominicana en la Serie del Caribe. Conociendo Cuba, cualquier cosa puede pasar, y no quiero quedar con el culo al aire asegurando nada, pero suponiendo que este hecho definitivamente se confirme, sí puedo hablar de lo que ocurre en todo caso.

Desde el año 2013, está en marcha un ‘experimento’ que permite a determinados peloteros jugar en el exterior, intentando de esta forma evitar la fuga masiva de tantos talentos potenciales o contrastados. Mientras, los gobiernos cubano y norteamericano están trabajando en un acuerdo que  permita a los jugadores de béisbol cubanos firmar con clubes de las Grandes Ligas sin violar las leyes del embargo.

El caso es que el mayor de los Gurriel, Yulieski, de casi 32 años, ha debido pensar que estas negociaciones no tienen visos de cuajar antes de que él entre en decadencia. Y como tiene dinero (ahora explico por qué), ha decidido atajar, si esto se confirma, por su cuenta, llevándose con él a su hermano menor. El ‘palo’ para el béisbol cubano es clamoroso, y afecta a Tony Castro, el hijo de Fidel, último mandamás de facto en todo esto.

Yulieski Gurriel entró en el experimento de autorizar a peloteros jugar en el exterior, con la condición de retornar a su equipo, mis Industriales del alma desde que se trasladó a La Habana cuando lo de su padre, al finalizar la temporada en el país al que se iba.

Ese país fue Japón, con una liga de nivel que empieza cuando la Serie Nacional acaba, y que concluye cuando la liga cubana comienza. Compatible. Firmó por una temporada y un millón de dólares. Se sometió a la tributación en el país nipón, pagó un diez por ciento a la federación cubana, que actuó como su agente, y el resto se lo quedó. Al final cayó lesionado, causó baja, y manifestó su deseo de volver a Cuba para recuperarse.

Recuperado, retomó su carrera deportiva y como, a mi criterio y al de muchos, junto con Despaigne, es uno de los dos mejores peloteros de Cuba, marchó a Dominicana como refuerzo. Y así llegamos al día de hoy. Yo todo esto lo suelo explicar de la siguiente manera: soy tan amigo de uno de los principales baluartes de mis Industriales, que suele venir por casa. Fue alumno del hermano de un amigo mío. Mi amigo y su hermano marcharon para Miami, y él (omito su nombre para no mezclarlo en este asunto hasta no saber cómo acaba) se quedó. Y continuamos el contacto.

Un día, cuando mi principal amigo en esta historia aún residía en La Habana, y su hermano vino de visita desde la Yuma, los cuatro nos fuimos desde casa a un lugar próximo, llamado La Pachanga, a seguir con la celebración. El pelotero estaba con su esposa embarazada y, por ello, se fue antes.

Al rato salí yo, y decidí regresar a casa dando un rodeo por 23. Allí vi a una de las mayores figuras del equipo capitalino, con su esposa y su bombo, parados a la espera de montarse en un ‘almendrón’, un carro para cubanos que los transportara a casa por veinte pesos cubanos, diez por cada uno. Menos de un euro o de un dólar.

Este es el gran problema en Cuba, los míseros salarios que alcanzan a todas las esferas, salvo a las élites máximas de poder. Esta es la causa de las fugas y las deserciones, de los éxodos y la emigración desde la Isla. El comienzo de la solución a los problemas que afectan realmente a los cubanos, pasa inexorablemente por la unificación de moneda, que permita la conceptualización de remuneraciones dignas.

Comiencen por ahí.

Alguien me reprochará el hecho del millón de dólares. Le contesto: todo es relativo, ese millón no es nada con lo que pudiera haber ganado en Grandes Ligas un jugador de su talla, de haber desarrollado su carrera en libre circulación. Ya contaré más historias, esta vez de cubanos que sí se convirtieron pronto en millonarios en dólares tras haber arriesgado antes.

 

Print Friendly, PDF & Email
Compartir
Artículo anteriorUn problema "técnico".
Artículo siguienteOtra Habana.

No hay comentarios

Dejar respuesta