El remolcador

Porque no puede olvidarse y quedar impune el crimen del remolcador “13 de Marzo”, cometido el 13 de julio de 1.994, hace ahora 22 años, reproduzco el artículo de ayer de mi FB: Ignacio Gimenez,y de mi blog en FB: Ignacio Gimenez Cuba. Esto escribí anoche:

La huida estaba planeada con mucho tiempo. Una primera conversación fué con el ex capitán del “13 de Marzo”, que entonces capitaneaba otra embarcación de la Empresa de Navegación Mambisa. La siguiente fué con el jefe de operaciones del puerto de La Habana y secretario del PCC en aquel lugar. Todos tenían el mismo deseo de huir. Tras tres intentos fallidos, finalmente el día 13 lograron abordar el remolcador. Contaban incluso con las llaves del motor y del timón, que solía quedar desactivado al estar en puerto.

Nada más poner proa rumbo al estrecho de La Florida, aún sin salir de la bahía de La Habana, ya supieron que la Seguridad del Estado conocía su plan.

Zarparon a trescientos metros de Capitanía del Puerto, bordearon Regla intentando alejarse… pero otro remolcador les vino encima a unos doscientos metros de la Fortaleza de El Morro, y comenzó a lanzar chorros de agua a presión. Quienes lo vieron desde el Malecón comenzaron a gritar al ver que intentaban hundirlo. Las mujeres y niños salieron a cubierta para que los tripulantes del barco atacante vieran que iban a cometer un asesinato. De nada valió. Continuó el ataque. Ambos remolcadores chocaron y el “13 de Marzo” logró salir a mar abierto. Otras dos embarcaciones esperaban escondidas detrás de El Morro.

Entre las tres naves cercaron al “13 de Marzo”, intentando alejarlo más de la costa con potentes chorros de alta presión. Comenzaron a embestirlo y golpearlo tratando de volcarlo. Uno se colocó delante mientras otro continuó golpeando hasta lograr quebrar la estructura y provocar que empezara a hundirse por popa. Entonces el atacante de detrás se montó encima de la nave medio hundida dejando a treinta personas atrapadas en la bodega. Los que lograron salir a la superficie vieron a las tres embarcaciones girando a alta velocidad intentando hundirlos. Así cuarenta interminables minutos. No querían dejar ningún testigo sobreviviente.

Pero unas quince personas lograron asirse a un refrigerador que flotaba, consiguiendo salvarse. Las naves atacantes quedaron quietas. Una torpedera de Guardafronteras, que había observado todo, se acercó a recogerlos. Al subir a bordo, se percataron de la proximidad de un barco griego… Y comprendieron por qué se había detenido la masacre. Fueron llevados a una base naval en Jaimanitas, donde aguardaban militares de muchas estrellas, y los encerraron en calabozos durante horas. Allá estuvieron mujeres, hombres y niños. Todos… menos los que habían sido asesinados en el mar con las maniobras de ataque alevoso.

Más tarde, como si nada hubiera pasado, acompañaron a mujeres y niños a sus casas. Los hombres fueron conducidos a Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado. Allá estuvieron veinte días, antes de quedar en prisión domiciliaria… como si fueran los culpables en vez de las víctimas del atroz crimen. Un crimen del que ahora se cumple un nuevo aniversario, y que se saldó con decenas de asesinados, entre los cuales hubo menores de edad.

Hasta hoy, el gobierno cubano sigue asegurando que se trató de un accidente y no ha condenado, ni siquiera juzgado, a nadie. Y no lo hace porque sabe quién fué el principal responsable. Se trata de un crimen que no puede quedar impune, que justifica por qué se aferran al poder, que no se conoce o no se recuerda por la comunidad internacional, que si se conoce convierte en miserables a los que negocian con los verdaderos culpables, que debe darse a conocer, que no debe olvidarse, y por el que serán juzgados y condenados en cuanto Cuba recupere la libertad.

 

 

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