Elecciones 2018

Evitar que todo lo previsto acabe en un cambio-fraude.

Observo estupefacto cómo determinados grupos comienzan a moverse alrededor de ciertos disidentes y opositores que se postulan como candidatos para unas elecciones en Cuba en este venidero 2018 demostrando un absoluto desconocimiento de la realidad vigente en la isla. Todo ello solo lleva a convertirse en cooperadores del mantenimiento del régimen pues, hoy en día, y ateniéndose a las leyes actuales, unas elecciones libres y multipartidistas no son más que una quimérica utopía válida únicamente para quienes quieran medrar uniendo su ineficacia y su egoísmo.

Para comenzar, demuestran haber olvidado cuál fue el resultado de aquel invento de 2002 por el que se efectuó un referendo para un proyecto de reforma constitucional que, según el régimen, había sido propuesto por las organizaciones de masas en asamblea extraordinaria de todas las direcciones nacionales. A los olvidadizos les recuerdo cómo acabó todo aquello: la constitución comunista quedó plenamente ratificada y el sistema socialista fue declarado irrevocable.

Y ahora, si continuamos jugando con las reglas del régimen, el nuevo invento solo será otro paripé en el que algunos pretenden tener papeles protagónicos. Soberana estupidez por varios motivos. En primer lugar porque todo esto es imposible con el panfleto que rije como constitución, con la Ley Electoral 72/92, y con la Ley de Asociaciones 54/65. Y es que, con todo ello, la realidad es como sigue:

1) Los exiliados carecen de derechos políticos.

2) Está prohibido por ley hacer campaña electoral.

3) La Comisión de Candidaturas está presidida por el representante afín al régimen de la C.T.C.

4) Al pueblo se le pide marcar en una casilla en la boleta que señala a todos los nominados. Es decir, no se vota, únicamente se valida al conjunto de candidatos tolerados por el sistema.

5) La Ley de Asociaciones no permite inscribir a cualquiera, y mucho menos a un partido político.

6) Las urnas y el conteo están controlados por personas designadas por el régimen.

7) El sistema es piramidal (municipal-provincial-nacional), de modo que un disidente hipotéticamente podría ser designado o autoproclamarse, e incluso resultar electo como Delegado de Barrio, pero jamás prosperará a partir de ahí, no se le asignarán fondos, se limitará a recoger quejas que no podrá solventar, y será muy fácilmente revocado.

Podría continuar explicando motivos. 8), 9), 10)… hasta quedarme sin tinta, pero a todo esto es a lo que me refiero cuando insisto en que resulta imprescindible una Ley de la Reforma Política. Muchos interpretan al leer la palabra “reforma” que nos contentamos con modificaciones legislativas. No. No es eso. Eso sería entrar en el juego como todo lo anterior. Hablamos de reforma POLÍTICA. Tumbar el sistema.

¿Cómo? Forzando a cada cuadro actual a admitir a trámite una Ley previa que permita evitar que todo lo previsto solo acabe siendo un cambio-fraude. A cada cuadro de uno en uno. Hasta llegar a un número suficiente. Una guerra en la que, menos la violencia, vale todo. Eso sí, la falta de escrúpulos queda validada como método para lograr el objetivo al tratarse de un pleito contra quienes jamás han manifestado ética, moral o valores como rasgos distintivos de su proceder para con su pueblo. Ahora, todos sus abusos van a volverse contra ellos. De uno en uno…

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