La invitación

Es un cuento… Es para reflexionar…

Cuando oí hablar por primera vez del País de los Inventos era todavía muy pequeño, pero las maravillas que escuché me resultaron tan increíbles que quedaron marcadas para siempre en mi memoria. Desde entonces, jamás dejé de buscar e investigar cualquier pista que pudiera llevarme a aquel increíble lugar. Leí cientos de libros, y tomando un poco de cada uno llegué a tener una idea bastante clara de cómo era: un lugar secreto en el que se reunían los grandes sabios del mundo para aprender e inventar juntos, y su acceso estaba absolutamente restringido. Era necesario haber realizado algún gran invento beneficioso para la humanidad, y sólo entonces se podía recibir LA INVITACIÓN especial con instrucciones para llegar.

Pasé toda mi juventud estudiando e inventando. Cada nueva idea la convertía en un invento, y si no comprendía algo buscaba a quien me ayudara. Así conocí a otros jóvenes inventores a los que conté todo lo que sabía de aquel maravilloso lugar. Todos queríamos recibir LA INVITACIÓN. Con el paso del tiempo, la decepción por no recibirla dio paso a una colaboración aún mayor, y nuestros inventos individuales pasaron a convertirse en increíbles máquinas y aparatos pensados entre todos. Reunidos en mi casa, que acabó convirtiéndose en un gran almacén, nuestros inventos comenzaron a conocerse en más y más lugares, logrando de esta manera ayudar a mejorar muchos ámbitos de la vida de las personas. Pero ni siquiera así recibimos jamás LA INVITACIÓN.

No nos desanimamos. Seguimos aprendiendo e inventando, conseguíamos mejores ideas según se iban sumando nuevos jóvenes talentosos que aspiraban también a recibir LA INVITACIÓN. Un día, mucho tiempo después, recuerdo que hablé con un brillantísimo joven a quien yo mismo había escrito para invitarlo a que se uniera a nosotros. Le conté el gran secreto de aquel maravilloso lugar y cómo estaba seguro de que algún día recibiríamos LA INVITACIÓN. Pero entonces el joven me interrumpió sorprendido:

– ¡Cómo! ¿Pero no es este aquel lugar? ¿No ha sido su carta LA AUTÉNTICA INVITACIÓN?

Miré a mi alrededor y me di cuenta de que mi sueño se había hecho realidad en mi propia casa, y de que no existía más ni mejor lugar que el que habíamos creado juntos. Y me sentí feliz…

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