LEY DE AJUSTE CUBANO

En la intersección de las calles habaneras Línea y Paseo observo, como muchas veces antes, distintos grupos aparentemente desordenados, expectantes por ‘resolver’. Cada grupo tiene una edad media distinta pero un denominador común: la desconfianza.

Los de mayor edad son pensionistas a las puertas de la sucursal del Banco Metropolitano. Hoy es día de cobro.

Cruzando Línea, en la parada donde confluyen distintas líneas de ómnibus metropolitanos, una abigarrada multitud  en edad de ‘pinchar’ aguarda.  Al otro lado de Paseo los más jóvenes esperan para consultar sus cuentas de correo o comunicarse en los computadores de la sala aneja al edificio que alberga la empresa estatal por la que enviar o recibir cartas y paquetes, recibir cuando llegan, enviar casi nunca.

Todos comprueban que ni salarios, ni jubilaciones, ni transporte, ni  comunicaciones han mejorado en estos meses en los que tanto anuncio de normalización les había hecho depositar sus esperanzas.

Me gusta ‘dar muela’ así que hablo con muchos. Relato lo que me cuenta Damaris, es muy joven pero está casada. Su marido vive en los Estados Unidos, en donde adquirió la ciudadanía tras entrar ilegalmente por Méjico y acogerse a la Ley de Ajuste, residencia y trabajo sólo para cubanos que piden asilo una vez pisan suelo USA, pies secos -pies mojados.

Damaris quiere reunirse con él haciendo las cosas bien, ha solicitado visado. Si se lo deniegan se va a ir de todas maneras, teme que con tanta ‘normalización’, y tanto ‘acercamiento’ desaparezca este privilegio que los cubanos tienen al llegar, si se la juegan, ahora que EE.UU. y Cuba van a ser amigos.

No es la única, desde que comenzó el proceso bilateral de aproximación las salidas ilegales de Cuba han aumentado. Para los cubanos, los Estados Unidos son fiables, por ahora, si estás en los Estados Unidos.

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