LA PARANOIA

Ahora que se acerca el congreso del partido único, me viene a la memoria un cuento que me hizo una amiga hace muchos años sobre una familiar suya. Ocurrió en el edificio donde se alojan las sedes del Consejo de Estado, del Consejo de Ministros y del comité central del partido en la habanera Plaza de la Revolución, justo detrás del Memorial a Martí.

Estaba ella trabajando hasta tarde en labores administrativas como secretaria en una de las dependencias de la sede del partido cuando el resto ya se había ido. Coincidieron una serie de circunstancias para no tener más remedio que hacer que trajeran a sus dos hijos pequeños donde ella estaba, pues no tenían con quién quedarse. Se los trajeron. Como los despachos y pasillos habían quedado desiertos, para que no la molestaran, les dejó salir a jugar por estos últimos.

En aquel tiempo, el sistema de inviolabilidad de los despachos consistía en que, al finalizar cada jornada, cada preboste colocaba una plastilina pegada a puerta y quicio con un cuño identificativo. Imposible entrar en un despacho sin deshacer el cuño. Cada mañana, si el cuño o sello estaba intacto, el despacho no había sido violado.

Los niños, jugando, se fijaron en las plastilinas. Uno se subió encima del otro y fueron despegando todas y cada una de las que iban viendo en cada puerta del pasillo. Y comenzaron a jugar modelando figuras con ellas. La mamá, concentrada y tranquila, trabajando hasta que terminó. Llamó a los niños, cerró la puerta de su despacho y salieron.

– Buenas noches.

– Buenas noches -le contestaron los miembros de la seguridad.

Estos ya tranquilos, no quedaba nadie. Hasta mañana…

…A la mañana siguiente los inquilinos de los despachos comenzaron a llegar.

– ¡Mi despacho ha sido violado!

– ¡Y el mío!

– ¡Y el mío!

– ¡Los imperialistas han invadido el Palacio!

– ¡Llamen a seguridad!

– ¿Ustedes no han visto nada?

– Nosotros entramos de turno ahora, pero en el cambio no hubo novedad.

– Llamen a sus casas a los que estuvieran. ¡Que vengan ya!

Mientras, tremendo despliegue: Minint, Minfar, PNR…

…Hasta que alguien se dió cuenta de que habían violado todos los despachos del pasillo… menos uno. En el que había estado la secretaria.

– ¡Localízenla!

La trajeron, pero no sabía nada, no había visto nada. Los niños habían ocultado las bolas de plastilina a su mamá, algo les hacía intuir que coger cosas sin permiso, aunque fuesen esos inofensivos juguetes improvisados, hubiera sido motivo de reproche.

Afortunadamente, entre tanto sabueso experimentado, no se olvide que Cuba está en permanente alerta ante injerencias del enemigo, alguien acertó a preguntar:

– Compañera, ¿estabas sola?

– No me quedó otra que mandar traer a mis hijos…

Iba a esbozar una compungida disculpa cuando al más avezado de los investigadores se le prendió el bombillo: plastilina más chamas, igual a travesura.

Minint, Minfar, PNR a la escuela de los niños. Estos, los reyes del mambo jugando con la plastilina para envidia de sus compañeros. Asunto resuelto. La patria una vez más a salvo.

 

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