La realidad

MI REFLEXIÓN LARGA SEMANAL SOBRE CUBA.

El anticastrismo hoy en día, dentro y fuera de la isla, está afectado de dos males que opacan su efectividad. A mi juicio, estos son el fraccionamiento y la endogamia. El objetivo común no puede ser otro que tumbar al régimen que tiene secuestrada la libertad, pero cualquier discrepancia sobre asuntos secundarios dispara la rivalidad entre quienes deberían ser aliados naturales y no enemigos entre sí. Y esto ocurre porque los líderes de las diferentes organizaciones confunden las etapas de un proceso que será complejo hasta llegar al fin último, el reestablecimiento de un estado de libertades que traiga aparejado un sistema democrático. Esta rivalidad provoca el fraccionamiento.

Pero como consecuencia de lo anterior, vencer en la rivalidad, los mensajes que se lanzan van dirigidos a persuadir a quienes ya están convencidos, en vez de buscar la movilización de nuevos defensores de la lucha anticastrista. Dicho de otra manera, se dicen las mismas cosas a los mismos de siempre. Esta endogamia provoca que muchos opositores y disidentes intenten atraer a sus causas a sus iguales, pero sin causar un crecimiento del número total de anticastristas activos.

Siendo pocos y mal avenidos, clamar por determinados objetivos resulta ser un mero ejercicio de desahogo utópico. Un cambio sin fraude, que no ceda en una cuestión esencial como es la de no permitir la impunidad de quienes durante décadas tanto daño han ocasionado, sólo puede venir provocado por una presión social coordinada, cohesionada, unida y masiva. Justo lo contrario del fraccionamiento y la endogamia.

Antes decía que los líderes opositores confunden las etapas. Los admiro a todos, pero están cometiendo errores de cálculo. Obran postulándose como cabezas de partidos que lleguen a dirigir los destinos futuros de la isla, pero esa manera de pensar dificulta precisamente que esto pueda llegar a ocurrir. Me explico. Hoy hay que estar todos a una, a forzar el cambio ejerciendo presión. Mañana, cuando el clamor por la libertad haya surtido efecto, tiempo habrá para seducir a los votantes con propuestas ilusionantes, veraces y eficaces.

El proceso que se avecina, partiendo de la premisa de que se alcance la unidad necesaria y suficiente para iniciarlo, provocará un periodo de tránsito en el que esta misma unidad se hará aún más imprescindible mantenerla. Me vuelvo a explicar. Hay que cambiar la constitución comunista vigente para poder sustanciar cualquier proceso que no esté corrompido de partida. Y para cambiar esta ley primera, debe ejercerse una presión que sólo puede producirse cuando una oposición creciente domine el campo de juego ante las estrategias defensivas de un régimen menguante.

Arrancado el cambio sin cesiones, no cabe deponer exigencias irrenunciables como el ¡no! rotundo a la impunidad, se debe iniciar un proceso constituyente que traiga como consecuencia una nueva Ley de Leyes, fruto de una Asamblea democrática, que posibilite una nueva legislación que a su vez permita la convocatoria de elecciones libres. Aquí está el quid de la cuestión. A unas elecciones democráticas se podrán presentar todos los partidos que respeten las reglas derivadas del nuevo marco legislativo. Y aquí vendrán las sorpresas.

Lo lógico entonces será que puedan votar todos los cubanos mayores de edad. Y no podemos olvidar que en democracia todos los votos valen lo mismo. Con lo que voy a escribir ahora mismo sé que voy a perder muchos amigos, pero es una realidad incuestionable que no puedo callar: el voto de un preso político por más de veinte años valdrá lo mismo que el voto de un regetonero con la visera de su gorra de pelotero para atrás.

Y me temo que la mayoría de los opositores ya entraditos en años no ve venir que los mensajes que van a seducir el voto de una inmensa mayoría nada tienen que ver con los que se lanzan como claves del proceso. Los líderes opositores actuales deben entender que su responsabilidad es actuar ahora, propiciando la unidad precisa para iniciar el proceso de cambio, y manteniéndola durante el tránsito. Pero deben comprender que en el momento de elegir a los rectores del destino futuro de la isla, los primeros gobernantes democráticos, las reglas serán otras.

Mensajes de progreso y de prosperidad. Dominio de los nuevos canales de comunicación. Respaldo para ejecutar proyectos rápidos y visibles. Ruptura con la inercia. Conexión con la ilusión y el futuro. Ni un carajo nada que ver con el fraccionamiento ni con la endogamia.

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