La ruleta del casino

La Secretaria de Comercio (rango equivalente a ministro) de EE.UU. ha pasado unos días en La Habana y ha acabado reconociendo que desconoce muchos aspectos del funcionamiento de la economía y la sociedad cubana. Concluye que es un sistema muy diferente y en muchos aspectos único. Termina diciendo que quiere escuchar y aprender para conocer el manejo de las importaciones y exportaciones y así compartirlo con empresas de su país interesadas en intercambios con Cuba.

¡Acabáramos!

Meses proclamando a los cuatro vientos un proceso de normalización y resulta que no tienen la menor idea de con quién se están jugando los cuartos. Que me hubieran llamado, yo se lo digo encantado. Lo primero que haría sería pedirles reflexionar sobre en qué beneficia a los cubanos residentes en Cuba. Después les recomendaría leerse con atención la Constitución. Y les haría una pregunta: ¿qué conclusión sacáis de haber tenido una Oficina de Intereses tantos años y no haberos enterado de nada?

A Obama el gobierno cubano lo tiene catalogado como un ser débil y alientan en él esa consecuencia que los endebles manifiestan para esconder su complejo de inferioridad: aparentar fortaleza. Por eso mismo Cuba comenzó por arrancarle la concesión principal, que devolviera a la Patria a los Cinco Héroes, antes de que su artificial aureola se disolviera como un azucarillo.

En diciembre pasado, cuando comenzó todo, yo estaba escribiendo mi libro y entonces lo anuncié: “Los Cinco Héroes en Cuba, para Cuba asunto terminado”. Como en los treinta artículos que ya llevo editados en mi recién estrenada web, y en mi libro próximo a llegar a las librerías, lo tengo explicado todo con mucha anticipación, sugiero leerlos para entender.

Sólo las secciones de mi página ya dan, en sus títulos, pistas: Claves para entender la isla, Cuba es así, Hechos e intenciones, La tozuda realidad, Lo que nos cuentan, Puedo predecir, Radio Bemba -rumores-, Simbología política y resultados.

Y en mi libro “Mi ‘Casa Grande’ en La Habana” explico su propio título, viene del slogan que el Hotel Riviera ha utilizado desde siempre: ‘su casa grande en La Habana’. El hotel tiene su historia. Lo mandó construir el mafioso Meyer Lansky para competir con los existentes en Las Vegas, evitando las leyes de EE.UU. y el seguimiento al que por entonces, años 50, estaba sometido de parte del FBI. Costó 8 millones de dólares de la época, financiados por un banco creado por el anterior dictador cubano Batista. Cuando se inauguró, en diciembre de 1957, fué el hotel-casino más grande del mundo fuera de Las Vegas. El casino facturó 3M usd en sus primeros cuatro meses.

Todo duró poco porque en enero de 1959 Fidel, en este mismo hotel, conferenció informando al mundo de la Revolución, y en octubre del año siguiente se ilegalizó el juego y se nacionalizaron todos los hoteles-casino que para entonces ya se habían abierto.

¿Por qué lo cuento? Porque es un paradigma de lo que los jerifaltes cubanos temen, los americanos quieren, nadie lo reconoce, no puede ser y además es imposible. No ahora, no así, no con ellos. Ni con el uno ni con el otro.

Poderosos, leales, disidentes, exiliados, expatriados… Primarias, presidenciales, demócratas, republicanos, lobbies… ¡Tremendo lío!… Y la Secretaria de Comercio sin enterarse de nada. ‘Escuchar y aprender’, dice que quiere. ¡Va lista!

 

 

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