Lágrimas hipócritas

La última concesión a la tiranía cubana…

Ser sucedido por Trump perjudica aún más el legado de Obama, pues los historiadores podrán preguntarse cuán hartos terminaron los electores que rechazaron cualquier cauce de continuidad del “Yes, We Can” y se abrazaron al personaje más antagónico que había a mano. Pero la desolación con la que un determinado número de votantes aguardan la toma de posesión de Trump, después de haber tratado de impugnar su triunfo, como si se tratara de una cuenta atrás hacia la extinción de la vida humana en el planeta ha permitido a Obama potenciar hasta extremos autoparódicos su consagración como santo laico. Sólo falta una última reunión en la Casa Blanca con los leprosos curados por imposición de manos.

Mientras, al azucarado espectáculo de las lágrimas y la emoción de la parentela se han sumado excesos como el cometido por el NYT cuando dijo, aprovechando una foto de Obama besando a una niña, que el presidente había sido el padre de todos los niños de la nación. Providencialismo y paternalismo en el culto a la personalidad del inefable Ser Saliente. Igual que en Cuba con el Ser Extinto. El relato del NYT habría sido perfecto en caso de dar, en la página siguiente, la noticia de que todas las familias demócratas deberán entregar su primogénito para usarlo en la Casa Blanca en los ritos satánicos de Trump que incluyen inmensas cantidades de orina de prostitutas… Si hiciéramos caso del NYT, para desobamizar la Casa Blanca Trump va a tener que poner a miccionar a la 101 Aerotransportada…

La fanfarria final alrededor de Obama ha servido para que el todavía presidente cometa una última mezquindad tremenda. Mientras la opinión pública clavaba defensas de madera para prepararse para la llegada de Trump, Obama, sin dejar de derramar lágrimas, convirtió el mar en un muro líquido que ni siquiera hace falta pagar y revocó la política de los “pies secos” que estabula aún más a los cubanos en su cárcel a cielo abierto. Una última concesión de Obama, rastrera, a una tiranía a la que no ablandaron en sus resortes represores ni la muerte del dictador “Alfa” ni las visitas curativas de Barack y Francisco.

Para esto sirve fomentar el miedo a Trump, para pasar por santo estableciendo al mismo tiempo un despiadado sistema de relaciones con el mismísimo diablo. Barack Hussein, siempre tendrás la mejor habitación de invitados dispuesta con amor y agradecimiento en el corazón de Punto Cero…

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