Con los ojos bien abiertos

Un niño gritaba en la calle: “¡¡Veeendo gatitos castristas!! ¡¡Veeendo gatitos castristas!! ¡¡Recién nacidos!!” Era un sábado soleado y la gente que pasaba caminando reía con la ocurrencia del chico. Ese día vendió tres gatitos de los seis que tenía para su venta y marchó…

El sábado siguiente regresó y comenzó a gritar: “¡¡Veeendo gatitos opositores!! ¡¡Veeendo gatitos opositores!!” Un hombre que lo tenía visto del sábado anterior se detuvo curioso y preguntó al chico: “¿Cómo es eso de que la semana pasada los gatitos eran castristas y ahora son opositores?”. El muchacho, muy sonriente, le respondió: “Caballero, la cosa es que estos gatitos ¡¡ya abrieron los ojos!!”.

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