ME CALLO.

CONGRESO PCC DE ABRIL, CUANDO COMIENCE TODO…

Amo Cuba hasta dolerme el alma, pero amo a esta isla sabiendo que existió desde siempre, que atraviesa un doloroso periodo demasiado dilatado en el tiempo, y que con la lección aprendida recuperará el esplendor, la libertad y la prosperidad por los siglos de los siglos. Y amo a los cubanos allá donde se encuentren, a los güajiros de provincia Granma, a los médicos del habanero Ameijeiras, a los emprendedores de Miami y al que se empató para escapar con una guineana y vive en medio del África…

Este intenso y extenso sentimiento me hace relativizar las esperanzas que deposito en cualquier motivo que no abarque a todos. Ahora, por ejemplo, se anunciará un nuevo paquete de medidas justo antes de la visita del presidente norteamericano o haciéndolo coincidir. Automáticamente me preguntaré en qué afecta al güajiro o a aquél que mencioné en el continente africano, y como la respuesta va a ser “en nada”, dejará de interesarme el asunto.

Apoyo cualquier iniciativa que se tome para luchar por la libertad y para finiquitar esta oprobiosa etapa dictatorial, y mi corazón se desangra pensando en el destino de todos los presos y represaliados no violentos que penan sólo por disentir de las consignas. Pero mi implicación activa en esta noble causa va por otros derroteros. La dictadura ha creado sus leyes y hay que encontrar el camino jurídico y argumental para modificarlas. Y la oportunidad.

Conozco de memoria la Constitución cubana vigente. Estudio, analizo, conceptualizo y valoro cada ley, cada decreto, cada orden ministerial, cada norma. Repaso compulsivamente la Gaceta Oficial. Reviso incansablemente cada acuerdo internacional que el gobierno cubano suscribe. Y todo lo hago desde una triple perspectiva: necesidad, oportunidad y obligatoriedad.

Así he llegado a comprender que no le queda otra a Cuba, a sus actuales dirigentes, que cambiar la legislación. He entendido que el momento no es otro que desde abril. He llegado a la conclusión de que en la isla no hay grandes juristas y todo puede ser modificado casi sin tocar la letra dando la vuelta al espíritu. En definitiva, estoy en disposición de suministrar argumentos para enfrentar los cambios haciendo coincidir el anhelo abrumadoramente mayoritario de los cubanos con la oportunidad histórica que se presenta al no tener más remedio que deber reconocer, los más recalcitrantes defensores de cómo están ahora las cosas, que no les queda otro camino.

Soy coherente con mi lucha, con mi enfoque, con mi capacidad de aportar; sé dónde y cómo soy más útil; conozco de qué manera plantear mi batería de argumentos. Y no tengo el menor asomo de duda sobre cuándo comienza mi labor, a partir del Congreso del Partido del próximo mes de abril. Continúo analizando, estudiando, observando, preparándome… Pero voy a dar un paso a un lado hasta entonces. No me siento eficaz visibilizándome mientras tanto en disquisiciones tangenciales.

NO VOY A ESCRIBIR MÁS HASTA EL CONGRESO, cuando de verdad comience todo. No paro, simplemente tomo una decisión estratégica y ME CALLO. Continúo fiel a lo que considero coherente con mi forma de pensar: LA DESCOMUNAL FUERZA DE LOS ARGUMENTOS, los que sigo construyendo… pero en silencio.

 

Print Friendly, PDF & Email
Compartir
Artículo anteriorEN SERIO
Artículo siguienteDOS PRECISIONES

No hay comentarios

Dejar respuesta