Mi sueño

Mi sueño es ser el gerente del Hotel Riviera de La Habana. Y convertirlo en un lugar de trato exquisito y con protocolos de comportamiento ajustados a tres normas imprescindibles según mi criterio: la urbanidad, la cortesía y la buena educación. Me veo elegantemente vestido con una aromática flor, cortada a diario, prendida en el ojal de la solapa. Quiero saludar por su nombre a clientes habituales que encuentren en “mi hotel” un remanso de buenos modales, donde sepan que van a ser atendidos con un trato afable y natural, de parte de unos trabajadores seleccionados por sus singulares características de buen gusto y capacidad de agradar.

Quiero recorrer el Salón Internacional mientras los clientes leen los diarios o conversan en confortables sillones paladeando cocktails elaborados por los mejores barman, y quiero ver cómo toman sus aperitivos en L’Élégant mientras esperan a tener sus mesas preparadas en L’Aiglon. Quiero presentar espectáculos de buen gusto en lo que siempre fué el Palacio de la Salsa, y quiero subir con ellos a El Mirador de la planta 20 desde donde divisar el Malecón entre comentarios inteligentes y diálogos corteses… Y amenizar las tardes en el Piano Bar… Y disfrutar de la zona de piscina en un clima de familiaridad respetuosa. Deseo que el ‘aroma años 50’ de este emblemático hotel contagie su ambiente, alejando estas nuevas costumbres de desinhibición y mala educación, confundidas en muchas ocasiones con expresiones de una libertad muy mal entendida.

Y para cumplir mi sueño necesito dos cosas: capacidad financiera que tendré para cuando llegue el momento, pronto ya… y que Cuba sea una nación libre. Por eso, cuando muchos creen que busco protagonismo en mis iniciativas por encontrar esta libertad, se están equivocando. Yo tengo mi sueño. La Libertad es la meta de muchos, la actividad política sólo lo es de quienes quieran dedicarse a ella. ¡Yo no!

Pero, precisamente, esta falta de interés por la acción política, es lo que me da la objetividad necesaria para diferenciar entre quienes tienen sueños de largo recorrido, y los que sólo quieren ser ‘caudillitos’ de sus pequeños territorios desde los que gritar proclamas para alcanzar algo que no sabrán cómo utilizar, que no saben cómo lograr, y que los convierte en inocuas cabezas de pequeños ratones que no comprenden lo importante que es conformar la estructura de un león que no sólo brame sino que muerda.

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