Miedo e ignorancia.

OBAMA SÓLO ES UN ELEMENTO PERTURBADOR.

Cuento ya por décadas, aunque lo recuerdo como si fuese ayer, cuando me enfrenté por primera vez directamente a la realidad económica cubana. Eran tiempos en que Cuba comenzaba a salir del “Periodo Especial”, un eufemismo para referirse a la etapa de penuria máxima que antecedió a decenios de penuria sostenida. La Isla había vivido en una burbuja, la que le aportaba el ingreso constante de rublos desde la hoy extinta Unión Soviética.

Por aquel entonces, nadie se planteaba, más allá de las palabras, cualquier planificación estratégica en orden de impulsar el desarrollo de infraestructuras y mecanismos que ayudasen a ir creando un soporte sólido de crecimiento. Cosas del capitalismo, pensaban. Fué cuando tuve como alumnos a los cuadros dirigentes de la Cadena Hotelera Gran Caribe.

En mi novela “MI CASA GRANDE EN LA HABANA” refiero anécdotas acaecidas, pero quiero resaltar una: la ausencia total de conocimiento acerca del concepto ‘competencia’. Mi alumnado, gestores entonces de la mayor corporación hotelera de capital cubano, y en su mayor parte ingenieros formados en la ya aludida Unión Soviética, no encontraba motivo para dar importancia al hecho de conocer que cualquier empresa debe lidiar en mercados donde otras también compiten para repartirse los clientes, y por ende los ingresos y los beneficios.

“Para qué queremos saber esto si al final todo va al mismo lugar”. Con esta frase aludían al sistema de economía centralizada vigente hasta la actualidad. Sistema que explica la dejadez manifiesta a la hora de embarcarse en proyectos de mejora y de búsqueda de la excelencia. Pero según fuí encadenando proyectos, fuí entendiendo las causas de su estancamiento. Y sorprenderá la conclusión a la que llegué entonces y que mantengo hasta hoy: no mejoran porque no quieren sino porque no saben.

Y es precisamente este desconocimiento el que les hace escudarse tras procedimientos alambicados que dificultan los brotes de progreso y que, hoy, interfiere en la captación de inversores extranjeros que se aterran al comprobar las condiciones en las que deberán verse obligados a operar de decidirse por apostar a invertir en Cuba. Por resumirlo brevemente: Todo son problemas.

En la Isla rige una máxima: QUIEN DECIDE, NO NEGOCIA. QUIEN NEGOCIA, NO DECIDE. Hace referencia a dos órganos distintos que intervienen en la potencial e infrautilizada creación de riqueza: el Consejo de Ministros y el Consejo de Estado. El primero negocia, pero lo hace con un sistema de autoprotección kafkiano. Tras infinidad de trabas, un inversor puede llegar a conformar un proyecto, el cual desaparece de su vista para pasar a ser controlado por una consultora cubana, una agencia empleadora cubana, una contraparte cubana y una comisión ministerial cubana, y todo ello después de haber sido el inversor el único que ha aportado capital.

El tema, muy abreviado, puede terminar por desembocar en el otro Consejo, el de Estado, el que decide, y al que el inversor jamás llegará. Como ellos se lo guisan y ellos se lo comen, todas las mejores propuestas se derivan al conglomerado empresarial que controlan ellos mismos a través de un ministerio que, en puridad, nada debería tener que ver con estos asuntos, el de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el MINFAR.

En el Congreso del Partido de abril, algo van a hacer con todo esto, pero muy limitados por los mecanismos de protección que ellos mismos se imponen fruto de la ignorancia. Si ellos mismos no saben, qué va a saber Obama de lo que se cuece en Cuba. Por eso mismo, aunque superficialmente observado pueda parecer que colabora, no va a hacer otra cosa que interferir en el proceso introduciendo un parámetro perturbador, la visibilidad constante del acecho de una nación que durante más de medio siglo ha sido “el enemigo”. Y sólo comprendiendo el miedo que en Cuba tienen sus dirigentes a los cambios, y los motivos de ese miedo, se puede prever que va a terminar por dar coartada para que nada cambie.

No olvidemos que Obama, al comienzo de todo este proceso, regaló la carta más valiosa de su poder negociador, devolvió a casa a los que quedaban de los Cinco Héroes, como los llaman en Cuba, The Cuban Five como eran conocidos donde estaban presos. Raúl cumplió la promesa que tenía hecha a Fidel, y ¡Santas Pascuas!… Todo lo que está ocurriendo después es porque Barack no se entera de nada.

Sigo viendo irrelevante la visita de marzo, pero permanezco atento al Congreso de abril…

 

 

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