Parábola

Este es el cuento de un muchacho que se llama… bueno, como se llame es lo de menos, lo importante es la historia. El caso es que ama a su madre y sufre porque ella está sometida por un padre maltratador. Él es uno de muchos hermanos. El padre lo echó de la casa hace años y le dijo que no regresara jamás. Muchos de sus hermanos conviven en la casa y toleran el maltrato, otros incluso también maltratan a su propia madre para ganarse los favores del padre… pero algunos se rebelan contra la situación y soportan crueles castigos. También tiene hermanos que salieron o escaparon de la casa. De estos últimos, algunos parecen haber querido olvidar, otros han rehecho sus vidas y valoran más lo que tienen que lo que perdieron, algunos intentan ayudar a sus hermanos de adentro pero con escasos resultados pues el padre siempre aborta cualquier conato de auxilio…

El muchacho de este cuento, como digo, ama a su madre y no logra conciliar el sueño por las noches pensando en cómo liberarla. Su preocupación no es el destino del padre, ni los sentimientos o circunstancias de cada uno de sus hermanos… Todo esto lo tiene en cuenta como no puede ser de otra manera, ¡faltaría más! pero su prioridad es liberar a su amada madre. Una cosa sabe: el maltratador es un cobarde, si no lo fuera no sería un maltratador. ¿Y cómo actúa un cobarde? Manifestando su fuerza mientras no se le opone una fuerza similar. ¿Y qué ocurre cuando esto pasa? Embarra sus pantalones. El muchacho sabe que sus desvelos deben ir en la única dirección de lograr capacidad real de enfrentarse al padre. Entonces será el momento de exigir responsabilidades, entonces cada uno de sus hermanos, merecidamente o no, saldrán beneficiados… Entonces su madre volverá a ser feliz y podrá abrazarla en completa libertad.

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