¿Quién pone el cascabel al gato?

El subsecretario adjunto del Departamento de Estado USA ha visitado Cuba. A su regreso explicó: Los funcionarios toman las decisiones sobre los cambios de políticas pero después, como en cualquier gobierno, tienen que esperar por la aprobación de las decisiones desde más arriba. Una de las cosas que quiero aprender con estos viajes es cómo funciona el Gobierno cubano”.

Las palabras del señor subsecretario me despiertan dos extrañas sensaciones: perplejidad al no entender qué significa para él ‘tomar decisiones’, y entusiástica admiración ante su humildad al reconocer, con toda lógica según le leo, que no entiende ni un carajo de cómo funciona la Isla.

Si alguien ‘toma una decisión’, pero después debe esperar la aprobación de la decisión tomada… quien realmente toma la decisión definitiva es quien aprueba la decisión tomada por el primero… ¿o me equivoco?

Ya el párrafo anterior explica rotundamente el por qué del reconocimiento que hace sobre su necesidad de entender cómo funciona lo que él llama ‘el Gobierno cubano’. Se lo explico encantado, respondiendo a esta cuestión al mismo tiempo que descifro la incógnita encerrada en el trabalenguas sobre la ‘toma de decisiones’.

Vamos por partes: Un ministro en Cuba sería, en principio, el equivalente a un Secretario de Estado en EE.UU. En teoría, porque en Cuba un ministro sólo toma decisiones ‘de andar por casa’. Para cualquier asunto de importancia, de media para arriba, su atribución no pasa de poner los hechos en conocimiento del Consejo de Estado.

Es en este donde se toman las decisiones. Pongo un ejemplo: Si un inversionista extranjero tiene interés en Cuba, y buenos contactos, va a escalar, de reunión en reunión, todo el escalafón del organismo ministerial correspondiente. Allí va a encontrar respuestas que le van a parecer definitivas…

… Grave error, pues no va a ser el Ministerio el que tome la decisión final. Esta se va a tomar en una instancia superior a la que el inversionista no tendrá acceso, el mencionado Consejo de Estado, donde se valorará el ‘beneficio’ para los intereses de Cuba desde un doble prisma, el de la economía socialista, planificada y centralizada, constitucionalmente vigente a día de hoy…

… Y el de la conveniencia de encontrar una contraparte, partner, dentro del inmenso conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lo que casi siempre queda justificado por la ‘afectación’ a los intereses nacionales. Lo que nos lleva a repetir insistentemente dos asuntos trascendentales que obligan a cambiar el ‘chip’ cuando quieres negociar con Cuba:

!) En la Isla, quien negocia no decide, y quien decide no negocia.

2) Los ministros cubanos son, de facto, el equivalente a lo que en otros lugares entenderíamos como responsables de sucursal en una entidad bancaria, pueden decidir sobre la concesión de un pequeño crédito, pero para grandes operaciones necesitan de la aprobación de un comité de riesgos. Se trata de una analogía que explica la cuestión perfectamente.

Todo lo del bloqueo o embargo, según quién lo llame, es un tema que nada tiene que ver con esto, aunque algunos se empeñen en confundirlo.

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