Todo igual

Desde los “Lineamientos de Política Social y Económica” del sexto congreso del partido único, hasta la “Conceptualización del Modelo Económico y Social” aprobada en el reciente séptimo congreso, ha pasado suficiente tiempo para comprobar que no existe la menor intención de modificar nada ni en política social (aún menos en lo político) ni en el terreno económico. Veamos por ejemplo cómo están las cosas en este último ámbito según el plan que tienen intención de desarrollar hasta, ni más ni menos, que el año 2030.

Se tiene el propósito de otorgar proyectos a compañías extranjeras con unos privilegios fuera de cualquier control exigible en un país que asumiera regirse por un orden jurídico, mercantil y financiero regulado. Así, estos proyectos se van a conceder a empresas de países que acaban de perdonar ingentes cantidades de deuda al gobierno cubano, y se va a hacer sin someterlas a concurso público, es decir, sin asegurarse en una licitación que la concurrencia de ofertas de desarrollo de los proyectos va a llevar a la elección de aquellas que más beneficios aporten con menores costes. A estas empresas elegidas por otros intereses, de ahí el desfile de mandatarios extranjeros por La Habana en los últimos tiempos, se les van a conceder privilegios de exclusividad, lo que indefectiblemente llevará a una carestía inasumible de los productos o servicios que oferten, atentando una vez más contra los intereses del pueblo cubano, por anular el efecto positivo de la libre competencia como mecanismo regulador de precios en el juego entre oferta y demanda.

Y los empresarios, ávidos de beneficios, se abalanzarán para aprovecharse de esta política de privilegios, sin manifestar el menor interés por las condiciones reales de la población. Ellos harán sus cuentas pensando únicamente en lo que puedan percibir de extranjeros o de los propios cubanos que puedan acceder al tiempo que son tratados como extraños en su propia tierra. Todo esto es lo mismo que vender la Patria al mejor postor. No al que más beneficio aporte al pueblo, sino al que más ventajas aporte a la élite, quien controla a través del Grupo de Administración Empresarial, dependiente del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la mayoría del tejido empresarial cubano. De ahí que a la llamada “Conceptualización del Modelo” le agreguen la coletilla: “De Desarrollo Socialista”.

Pero esos empresarios recibirán su castigo porque si ellos no muestran su interés por el pueblo, el gobierno cubano no tiene interés ni por el pueblo ni por los inversores. Todos los proyectos están sujetos a temporalidad y a condiciones que exige un conjunto de leyes que no las deja claras, provocando inseguridad e indefensión. No existen mecanismos de transparencia y se imposibilita la concentración de propiedad dejando la posibilidad de crecimiento a discrecionalidad de los intereses gubernamentales. No hay mecanismos de reclamación por abusos estatales para interponer recursos ante tribunales independientes que tampoco existen. Y se mantiene la prerrogativa unilateral del gobierno para revertir la propiedad a sus manos y a su antojo.

Resumiendo: Los países condonan deuda a Cuba a cambio de ventajas para sus empresarios. Los empresarios pactan privilegios con los dictadores desprotegiendo derechos del pueblo. Cuba desprotege los derechos del pueblo y de los empresarios. El pueblo pierde, como siempre. Los empresarios perderán, como se verá. El gobierno gana. Los políticos extranjeros pasarán. La dictadura se enrocará. Los que estamos en contra seguimos sin encontrar la unidad necesaria para intentar cambiar las cosas. Como canta el padre de Enrique Iglesias: “Unos que vienen, otros que se van; unos que nacen, otros morirán; la vida sigue igual…”.

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