Uróboro cubano

La extraña paradoja de la realidad cubana.

Comenzaré por explicar qué es un uróboro. ¿Alguien ha visto alguna vez una imagen de una serpiente que engulle su propia cola formando un círculo? Esto crea una paradoja. Si el animal comienza a comerse su cola y termina tragándose todo su cuerpo… ¿Dónde está el animal? La serpiente se encuentra dentro de su propio estómago, y simultáneamente sigue comiéndose a sí misma.

En la isla sabemos que el castrismo devora todo lo que está a su alcance. Cuando hablamos de castrismo debemos acotar a quiénes incluye. Son las élites con sus escuadrones de represores y esbirros, con sus brigadas de chivatones, y con sus jaurías de oportunistas y de lameculos. Pero el largo cuerpo del pueblo cubano sólo es el objeto a devorar. Es verdad que coexisten héroes que sufren todo tipo de penalidades por no conformarse con la situación haciendo gala de una dignidad y una valentía admirables, con silentes víctimas que sólo se preocupan por sobrevivir como sea. Y es también verdad que unos marchan y otros quedan. No me atrevo a enjuiciar a nadie porque las circunstancias de cada cual sólo las sabe él. No reprimen, no chivatean, no se aprovechan… sólo sobreviven, inventan, resuelven como pueden…

Es afuera en donde se da la extraña paradoja que da sentido al comienzo de estas líneas. Entre todos los que lejos de la isla nos oponemos a la dictadura, deberíamos encontrar la fórmula mágica de la unidad. Pero no la logramos porque somos intransigentes entre nosotros mismos. A la mínima, rompemos vínculos. Y así nos debilitamos. De esta forma permitimos, contra nuestra voluntad pero de facto, la pervivencia del castrismo. Es decir, transigimos involuntariamente con la dictadura como consecuencia de no transigir voluntariamente con quien se aparta un ápice de nuestros planteamientos, los de cada uno, que consideramos como irrebatibles, irrefutables, visionarios, determinantes y útiles… hasta que la realidad se empecina una y otra vez en demostrar que no es así.

Por el contrario, si fuéramos más flexibles entre nosotros, crearíamos vínculos en lo esencial suficientes para cimentar la fuerza necesaria y suficiente para enfrentar la dictadura con una capacidad, real y no voluntarista, de decir “basta” y demostrarlo con la intransigencia de quien quiere, sabe y puede combatir el mal con el apoyo, la confianza, la fe y la determinación de todos cuantos respaldaríamos sin pestañear a los generales (es una metáfora) que encabezaran las divisiones (otra) coordinadas, organizadas, estratégicamente complementarias y logísticamente pertrechadas para derribar un bastión que parece infranqueable hasta que sufra sus primeras grietas.

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2 Comentarios

  1. La falta de unidad que sufre la disidencia cubana es histórica. El caudillismo que imperó siempre entre los cubanos es una debilidad que los castros utilizaron para perpetuarse en el poder. Ellos solo le pusieron más leña al fuego. Esta ves su maquiavélico plan era llevar la desconfianza, la división, la envidia, hasta los huesos del cubano. Este mal está en lo más profundo de cada individuo.

    • Tiene toda la razón, amigo Misael, pero en algún momento habrá que comenzar a revertir la situación. Repito y repito sin cesar la idea de la necesidad imperiosa de Unidad como factor determinante, a la espera de que alguna vez alguien reflexione y use su capacidad de convocatoria para sumar, y no para encabezar pequeños grupos llenos de buenas intenciones pero faltos de la contundencia suficiente.

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