Valentía

Los sueños no se negocian.

Un valiente teme, tiembla y llora como los demás. La diferencia con los cobardes está en que cuando teme, no se refugia bajo una manta, sino que sale de la cama y busca auxilio en la acción. Un valiente no cree en amilanarse como receta que conduzca a ningún lado, él cree en crecer. No necesita hacerlo todo bien o desenvolverse a la perfección en cualquier situación, porque cree en el aprendizaje y porque sabe que cualquier miedo se hace pequeño cuando tú te haces grande.

A la gente la gusta opinar, juzgar y proyectar su vida y experiencias en los demás. Esto ha ocurrido siempre y siempre ocurrirá. Habrá muchos que llamen fantasía o locura a lo que para tí es pasión, porque las mentes pequeñas creen que sus límites son los tuyos, que el camino que ellos tomaron fue el mejor y que lo demás es desviarse. Un valiente aprende a no dar más valor a lo que otros piensan que a lo que él cree, y aunque esto conlleva grandes momentos de soledad, si hay un lema que guía su destino es que los sueños no se negocian.

Hay dos tipos de personas: los que dicen que algo es imposible antes de intentarlo y los que lo dicen después. Los valientes pertenecen al segundo. En el camino del crecimiento es necesario tomar la actitud de un explorador: probar, retarse, atreverse a fallar… No se trata de ser un temerario, sino de comprobar la vida con tus propios ojos. Un valiente sabe que la diferencia entre un “no se puede” y un “no puedo” solo se descubre tras la acción.

Un valiente no actúa “para”, actúa “por”. Porque le sale, porque lo siente, porque cree en ello. Los resultados solo miden el final de la carrera, no desde dónde empezó a correr cada uno. Un valiente sabe que el estandarte del valor no es la medalla, sino el esfuerzo, y que uno siempre se esforzará más si actúa por algo que le sale del corazón que si lo hace por obtener un premio. Un valiente sabe que lo más importante de un sueño no es saber que lo vas a lograr, sino saber que mereces hacer lo que amas.

El que no arriesga… ni pierde, ni gana, ni sufre, ni ama. A no ser que vivas una existencia tan pobre que no tengas nada por lo que vivir, todo es susceptible de ser perdido. En el mundo no existe nada seguro. Los valientes no entienden la estúpida forma que algunos tienen de valorar el éxito o el fracaso, la pérdida o la ganancia. Para los valientes, la dignidad está en darlo todo sin reservarse nada, porque saben que lo único que verdaderamente se puede perder en la vida son oportunidades.

Sin un sentido, todo caminar sería deambular sin rumbo. Ya sea una persona o una causa, es necesario sentir que hay algo más grande que nosotros por lo que pelear. Vivir con ideales es atreverse a vivir desde el corazón; es decirle al mundo que no todo vale, pero que a por aquello que sí vale, vamos con todo.

La palabra “no” es la valla que separa quién eres tú de quiénes son los demás. Intentar complacer a todo el mundo es, además de imposible, el fin de la autenticidad. Cada uno tiene sus creencias, sus valores y sus opiniones, y eso no nos hace mejores o peores, nos hace “nosotros”. Hacer valer tus preferencias es, al mismo tiempo, una muestra de amor propio y un signo de autonomía. Un valiente sabe a qué decir “sí” y a qué decir “no”, y aunque a veces pueda resultar doloroso, es su forma de decirle al mundo “aquí estoy yo”.

Tratar de estar en todos lados es la mejor forma de no estar en ningún sitio. Por eso, ante una bifurcación, un valiente no se queda parado pensando en lo que pierde ni se echa a un lado imaginando que quizás pueda venir algo mejor. Un valiente sabe que el momento perfecto no es aquel que encaja con lo que él quería, sino aquel que se elije vivir plenamente.

La vida está llena de alegrías, sorpresas e ilusiones, pero también de riesgos, sinsabores y decepciones. O te lo llevas todo, o no te llevas nada. Un valiente abraza al mundo como viene, es ese tipo de personas que no sale al campo de juego solo a defenderse, sino a jugar la vida a tope con las reglas de la vida.

Todo el mundo tiene personas que le limitan, pasados que le condicionan y obstáculos que le dificultan. Sin embargo, en el diccionario de los valientes no existe la palabra “excusa”. Cada uno hace frente a las circunstancias del pasado que determinan su presente para luchar por su futuro, porque sabe que, aunque no haya batalla fácil, no hay mayor conquistador que el que se conquista a sí mismo.

…En esos valientes sí merece la pena confiar.

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